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lunes, 23 de julio de 2007

Bosques

Sarmiento solía decir: “Plantemos árboles...”, pues advertía el peligro que podría amenazar al país si se descuidaban los bosques. El primer ministro de agricultura, doctor Emilio Frers, fue también un fervoroso defensor del árbol. Comprendió la importancia de los bosques como riqueza nacional y advirtió el peligro de su destrucción sin medida; para evitarlo, proyectó la ley del árbol.
Sin embargo, se talaron despiadadamente grandes extensiones forestales, perdiéndose una gran riqueza, hasta que la ley de defensa de la riqueza forestal prohibió la devastación de bosques y tierras forestales y la utilización irracional de sus productos.
La Administración Nacional de Bosques vela por el cumplimiento de esa ley y por la conservación de nuestros bosques. Dicha ley dispone la forestación y reforestación de tierras fiscales en todo el país, con especies adecuadas, y la ayuda oficial a los particulares que planten en sus campos.
El mapa forestal de nuestro país muestra varias zonas boscosas, que coinciden con las regiones de mayor precipitación pluvial, principal factor de su desarrollo. Dichas zonas comprenden: selvas (misionera, serrana, tucumano-jujeña y serrana central); bosques (chaqueño y serrano central) y montes (pampa seca, mesopotamia y riberas bonaerenses).
La selva misionera es densa e impenetrable, cubre Misiones y continua hacia el norte de Corrientes, esta selva está poblada por especies de árboles de gran altura y crecen entre ellos gran cantidad de enredaderas parásitas, helechos, tacuaras y orquídeas. Generalmente se penetra en ella abriendo brechas a fuerza de hacha y machete.
La selva tucumano-jujeña cubre las laderas, quebradas y valles angostos de las sierras subandinas, formando un estrecho corredor de norte a sur. Se extiende por las provincias de Salta, Tucumán y Jujuy.
La selva formoseña comprende Formosa y noroeste de Salta, y en ella se mezclan características de selvas vecinas: al este, la misionera; al oeste la tucumano-jujeña y al sur la chaqueña. En los árboles altos se enroscan tupidas enredaderas.
La selva austral andina comprende los valles y quebradas de los Andes del sur, desde Neuquen hasta Tierra del Fuego. Es selva espesa, cubierta por árboles majestuosos, donde abundan las plantas trepadoras parásitas y los matorrales de cañas.
Varios factores hacen el desarrollo de la selva: la lluvia excesiva en Misiones, abundante en Formosa y sierras subandinas; el suelo cubierto de humus, que le da fertilidad y el clima cálido de la región que contribuye al aumento del follaje.
El bosque chaqueño tiene características propias que lo distingue en el paisaje vegetal argentino; sus árboles son menos desarrollados y más ralos (claros por donde circula el aire y la luz) que los de la selva. Se extiende desde las últimas estribaciones de las sierras subandinas, al este hasta los ríos Paraná y Paraguay, al norte hasta el Bermejo, y al sur hasta los ríos Salado y Dulce.
Para saber la importancia que tienen nuestros bosques, podemos leer una parte de la Cartilla Forestal (Publicación del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación) que dice: “El árbol ha constituido, en todos los países y en todos los tiempos, la base más sólida en la que se ha asentado la evolución económica y social de las naciones, pues ningún otro elemento natural posee la nobleza y la fuerza reguladora que, en forma tan magnífica, él prodiga.
“Los paisajes vegetales ejercen una gran atracción no sólo por el encanto y la armonía de los árboles que los componen o por la belleza de sus colores, sino también porque en ellos se refleja el signo de la victoria, de la conquista de la vida sobre la muerta aridez mineral.
“La madera encuentra su utilización indispensable tanto en la casa suntuosa del rico como en la humilde del pobre. Los barnices y los tintes elaborados a base de resinas y trementinas producidas por algunos árboles decoran los muebles, haciendo la vida grata y confortable.”


René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar

Bonsai

Qué y cómo es un árbol bonsái? Muy simple: es un árbol que crece durante años en un sencillo recipiente sin constituir una contradicción de la naturaleza. Digamos que es algo así como un intento, un modesto intento, de hacer un retrato en miniatura de lo que pudo haber sido un árbol de dimensiones comunes.


Un bonsái o varios de distintas especies nos transportan a vivir y admirar la maravillosa naturaleza con ojos distintos. Podemos observar en otoño las doradas hojas, el triste pero elegante porte en invierno, o en primavera maravillarnos con la plena floración; o más, ver la perfección de la silenciosa apertura de una de ellas.
En una palabra: podemos compartir cada minuto de la vida de un árbol silvestre, simplemente en el balcón de nuestra casa, en un jardín o bien en un living perfectamente iluminado.
Qué significa bonsái? “Una planta en bandeja”.
Los chinos según la historia fueron los primeros en trasplantar árboles enanos de las laderas de las montañas a recipientes de jardín, de esta manera pudieron observar la misteriosa y cautivante belleza de los pequeños árboles en sus hogares.
Pero quiénes perfeccionaron y llegaron a hacer de este cultivo un arte fueron los japoneses. Si bien conocemos que desde el siglo XIV se los cultiva, posiblemente se comenzó a trabajar en ellos 1000 años más tarde. Hoy día, este cautivante arte de cultivar bonsái se ha extendido por todo Occidente. Tanto es así que en la mayoría de los países se han fundado clubes. En nuestro país, recientemente, ha tomado mucho auge este cultivo, si bien se necesitaría más información para que realmente se conozca mejor este verdadero arte, y así de esta manera sean muchos más los aficionados interesados que puedan admirar y vivir más cerca de la naturaleza silvestre.
Generalmente son bonsái los árboles y arbustos; aunque a algunas hierbas perennes y otras se las llama bonsái.
Los bonsái se pueden cultivar a través de semillas o bien de un árbol joven, cortando, acodando o injertando. Si bien los árboles bonsái dan semillas, éstas no darán necesariamente árboles enanos, ya que su naturaleza será la del árbol de origen.
Al ver gran pino, un manzano silvestre o un durazno en flor en dimensiones comunes nos quedamos maravillados: pero, nos imaginamos esos mismos árboles en pequeñas dimensiones, unos 30 centímetros de alto, reducidos en escala?
Nos sentiríamos incrédulos, pero los bonsái nos ofrecen eso, la incredulidad de sentirnos como gigantes en el bosque.
Qué exigencias tiene un árbol para mantenerse en dimensiones pequeñas? Muchas: exigen destreza, habilidad y cuidado de quien lo cultiva. La miniaturización de un árbol requiere tiempo y paciencia. Las necesidades de un árbol bonsái son las mismas que en origen: agua, buena tierra, luz abundante y conservar un ambiente lo más parecido a su hábitat natural.
Ningún bonsái puede prosperar si se lo mantiene permanentemente en interiores.
En el cultivo del bonsái es esencial mantener el equilibrio natural entre el volumen de raíces y la amplitud de la copa. En realidad parece cruel el cultivo, pero no lo es más que cuidar las plantas de macetas, podar un árbol frutal o un arbusto.
El árbol bonsái produce frutos y flores en estación, y cuidándolo adecuadamente sobrevivirá más años que sus similares en los bosques.
La altura de los bonsái varía: algunos árboles pueden reducirse hasta 15 centímetros, generalmente estos son de plantas enanas por naturaleza y pueden achicarse algo más de su tamaño normal; la medida más común de los bonsái es de 30 a 45 centímetros.
En el Palacio Imperial de Tokio se encuentran algunos especimenes de hasta 2 metros y cientos de años de edad.
Este es otro fascinante mundo del reino vegetal, que, con ayuda de la mano del hombre, nos regala un especial placer y una afición encantadora.


René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar