Cuenta la leyenda que, cierto día un gusano de seda, entre las hojas de una mora, trabajaba con mucho cuidado su capullo; cerca, en una orqueta del mismo árbol, un araña tejía a toda prisa su tela; entonces al ver al gusano le dijo con falso orgullo: “ gusano, para qué te afanás tanto, si total después viene el hombre y se lleva tu capullo; en cambio yo, comencé hoy mi nido y al caer el sol yo lo terminaré. Tú, hace días que lo estás construyendo y recién lo finalizás”...
El gusano, con mucha humildad, le respondió: “ Yo tejo con cuidado y dedicación: será mi nido ó tal vez el hombre lo utilice, pero quien lo haga se sentirá orgulloso de este humilde gusano” En ese momento, apareció la mano de un hombre que retiró el capullo; al hacerlo, enganchó la tela de araña y la destruyó. Y el gusano dijo para sí: “ Pobre araña, lo hace rápido, pero así le sale”.
Cuando el hombre primitivo necesitó resguardarse de la intemperie, usó la piel de alguna fiera que cazaba ó de animales tales como la oveja. Más tarde aprendió a hilar su lana para confeccionar abrigos, y comenzó a aprovechar la lana ó el hilo que brindan otros animales (llamas, vicuñas, alpacas, etc) ó plantas (algodón) ó inclusive el gusano de seda.
La mariposa de la morera ó gusano de seda teje un capullo utilizando la baba que segrega, que al tomar contacto con el aire se solidifica y forma una hebra continua. La fibra de cada capullo mide aproximadamente 1000 mts de longitud por 8 a 15 micras de diámetro. Contiene fibroma y una goma, llamada sericina, que mantiene pegadas unas a otras las vueltas del filamento y asegura la rigidez del capullo. Esta es muy tenue. El hombre aprovecha este hilo para confeccionar telas de seda. Para esta finalidad se cría el gusano originando la sericicultura, actividad que se practica en algunos países desde tiempos remotos y que constituye una verdadera riqueza.
Una leyenda nos cuenta que, hace muchos años, dos astutos monjes, para sacar de China unos capullos de seda, debieron ocultarlos en el interior de una caña de bambú, puesto que los emperadores del Celeste Imperio guardaban celosamente el secreto de la fabricación de la seda.
En Argentina, los primeros gusanos de seda fueron traídos en el año 1822, pero por distintas causas, no prosperaron. Años más tarde, en Mendoza comienza a florecer la sericicultura, entonces esta industria alcanza cierta prosperidad. En 1858, Sarmiento obtiene un premio en la exposición rural argentina por seda cosechada en San Juan.
El gusano de seda es un invertebrado que pertenece al grupo de los artrópodos, que se caracterizan por tener un revestimiento quitinoso – que hace las veces de esqueleto externo- cuerpos segmentados y apéndices, y se dividen en crustáceos, arácnidos, miriápodos e insectos. A su vez estos últimos pueden ser perjudicial (mosquitos, moscas, chinches, etc) ó útiles ( abejas, gusanos de seda y otros)
El gusano se alimenta de hojas de morera. Este es un árbol, de grandes hojas ovaladas y dentadas cuyo fruto de muy agradable sabor, es la mora.. El gusano tiende sus hilos entre las ramitas de estos árboles hasta terminar el capullo, y al finalizar queda encerrado en él, de esta manera se transforma en crisálida ó ninfa. Al cabo de unos quince días, la ninfa alcanza su estado adulto (mariposa) entonces segrega una sustancia para romper el capullo y salir al exterior, pero si el capullo se aprovecha industrialmente, aquella morirá. Es que, si se quiere obtener el hilo entero se debe matar la crisálida, lo que normalmente se hace sumergiendo unos minutos el capullo en agua hirviente.
La mariposa hembra tiene las alas y los órganos bucales atrofiados, de modo que no vuela ni puede alimentarse.
Su única función es la de reproducir, después de depositar los huevos sobre las hojas, muere, estos huevos, comercialmente se llaman semillas.
A principios de la primavera nace la larva u oruga del gusano de seda: es de color blanco, y, como dijimos, su único alimento son las hojas de mora. Durante su desarrollo muda varias veces su piel para formar otra más amplia que le permita seguir creciendo. Alcanza su grado de madurez a los 35 días del nacimiento y en ese momento comienza a tejer su capullo.
El gusano de seda ha dado origen a una industria floreciente sobre todo en China y Japón, dos naciones famosas por las delicadas sedas que fabrican. En nuestro país esta industria posee cierta importancia.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar
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lunes, 23 de julio de 2007
Gato montés
Con un total de treinta y seis especies que se encuentran distribuidas en todo el mundo, excepción hecha de los polos norte y sur de la región australiana, los félidos se han adaptado al terreno que habitan casi con naturalidad. El caso del gato montés, que habita todo el este de la República, extendiéndose hasta el Uruguay y Paraguay, es típico: estos animales –algunos extremadamente feroces-, muestran que la adaptabilidad también es una forma de sobrevivencia.
El nombre del gato montés es claro y significativo, se mueve en lugares de montes y campos de arbustos y no descarta las selvas espesas, dado que es un excelente trepador y tiene, entre sus costumbres, la de dormir arriba de los árboles.
En los casos en que el gato montés asume esta posición, no es sólo para dormir en ese lugar predilecto, también lo usa para acechar –otra de las cualidades de los félidos- y bajo sus garras suelen caer cuises, roedores, ratas, pichones y pequeñas aves.
El gato montés es lo que se dice un animal “de instinto” y esto lo puede demostrar en los inconvenientes que la vida suele depararle. Sin ser un experimentado nadador, y más que eso casi un enemigo del agua, no consigue ahogarse si se encuentra en ese brete. Dentro de las curiosidades de este animal, al que a veces suelen domesticarlo, la higiene es una de las más conocidas. Teniendo en cuenta el desapego que evidencia con el agua nunca se lo encuentra con olores y su imagen siempre luce como para una fiesta.
Es de sensibilidad tácita y en esto participa todo su cuerpo, armonioso y siempre dispuesto. Si bien se dice que la inteligencia de los gatos es inferior comparada con la de los perros, esta diferencia no es demasiado probable. A veces es prudente, desmedido, astuto, también arrogante y feroz. Su diferencia con el perro es su tremenda incapacidad al sometimiento. A veces en los gatos domésticos hay sometimiento, pero nunca este sometimiento es incondicional. Como si el animal se guardara para sí un poco de su importante carácter. Esto ha hecho que siempre se diga de los gatos “que son ladinos”, y algo de verdad tiene aparte de su sentido peyorativo.
Otra de las características de estos gatos es evitar la pelea franca, abierta. Esto lo hacen cuando no tienen otra opción. Cuando el felino se encuentra acechando a su presa es extremadamente sigiloso y suele acercarse al enemigo agazapado y en sentido contrario al viento. Se arrastra por el suelo en forma casi muy similar a la serpiente, mide su salto y le cae encima a la presa derribándola y clavándole, al mismo tiempo, sus afiladas garras en la nuca y partes del cuerpo. Muerta la víctima el gato la arrastra hacia un lugar más seguro antes de devorarla.
Siendo poco sociable, arisco instintivamente, le gusta andar solo y contadas veces se lo encuentra frecuentando con grupos de su especie.
Tienen en el mes de agosto su época de celo, y después de un período de gestación de nueve semanas la hembra alumbra una camada de dos o tres crías. Esto lo hace una sola vez por año. En los primeros tiempos la madre cuida a su prole con ternura y solo la abandona cuando debe defenderla de un atacante. Ya grandes, y con las precarias instrucciones, los gatitos dejan lentamente a sus padres.
Aquí se lo ha bautizado “gato montés” y ya dijimos que ello era debido a su preferencia, el hábitat; pero el nombre correcto, que viene del latín, es “Oncifelis”, que quiere decir gato ágil o rápido.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar
El nombre del gato montés es claro y significativo, se mueve en lugares de montes y campos de arbustos y no descarta las selvas espesas, dado que es un excelente trepador y tiene, entre sus costumbres, la de dormir arriba de los árboles.
En los casos en que el gato montés asume esta posición, no es sólo para dormir en ese lugar predilecto, también lo usa para acechar –otra de las cualidades de los félidos- y bajo sus garras suelen caer cuises, roedores, ratas, pichones y pequeñas aves.
El gato montés es lo que se dice un animal “de instinto” y esto lo puede demostrar en los inconvenientes que la vida suele depararle. Sin ser un experimentado nadador, y más que eso casi un enemigo del agua, no consigue ahogarse si se encuentra en ese brete. Dentro de las curiosidades de este animal, al que a veces suelen domesticarlo, la higiene es una de las más conocidas. Teniendo en cuenta el desapego que evidencia con el agua nunca se lo encuentra con olores y su imagen siempre luce como para una fiesta.
Es de sensibilidad tácita y en esto participa todo su cuerpo, armonioso y siempre dispuesto. Si bien se dice que la inteligencia de los gatos es inferior comparada con la de los perros, esta diferencia no es demasiado probable. A veces es prudente, desmedido, astuto, también arrogante y feroz. Su diferencia con el perro es su tremenda incapacidad al sometimiento. A veces en los gatos domésticos hay sometimiento, pero nunca este sometimiento es incondicional. Como si el animal se guardara para sí un poco de su importante carácter. Esto ha hecho que siempre se diga de los gatos “que son ladinos”, y algo de verdad tiene aparte de su sentido peyorativo.
Otra de las características de estos gatos es evitar la pelea franca, abierta. Esto lo hacen cuando no tienen otra opción. Cuando el felino se encuentra acechando a su presa es extremadamente sigiloso y suele acercarse al enemigo agazapado y en sentido contrario al viento. Se arrastra por el suelo en forma casi muy similar a la serpiente, mide su salto y le cae encima a la presa derribándola y clavándole, al mismo tiempo, sus afiladas garras en la nuca y partes del cuerpo. Muerta la víctima el gato la arrastra hacia un lugar más seguro antes de devorarla.
Siendo poco sociable, arisco instintivamente, le gusta andar solo y contadas veces se lo encuentra frecuentando con grupos de su especie.
Tienen en el mes de agosto su época de celo, y después de un período de gestación de nueve semanas la hembra alumbra una camada de dos o tres crías. Esto lo hace una sola vez por año. En los primeros tiempos la madre cuida a su prole con ternura y solo la abandona cuando debe defenderla de un atacante. Ya grandes, y con las precarias instrucciones, los gatitos dejan lentamente a sus padres.
Aquí se lo ha bautizado “gato montés” y ya dijimos que ello era debido a su preferencia, el hábitat; pero el nombre correcto, que viene del latín, es “Oncifelis”, que quiere decir gato ágil o rápido.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
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Garza mora
Las aves son los únicos animales que tienen su cuerpo cubierto de plumas. La importancia de éstas es que regulan la temperatura y el vuelo. Existen dos clases: las que cubren la mayor parte del cuerpo (flexibles), y las que contribuyen al vuelo (rígidas).
Por el colorido y tonos de sus plumas, las aves han despertado siempre la sensibilidad y admiración del hombre.
Muchas de ellas, por el colorido y formas de sus plumas, sufren los “peligros de la hermosura”, pues el hombre las utiliza para uso personal o comercial, como en el caso de la garza blanca. Otra que sufre persecuciones, si bien en menor medida es la garza mora.
La garza mora (Ardea cocoi) recibe además, según las zonas donde habita, los nombres de “garza grande”, “garza plomo”, “garza cenicienta” o “garza”.
En nuestro país es muy amplia su difusión; habita desde el norte hasta Tierra del Fuego, pero donde es mayor su abundancia es en el litoral y la llanura chaco-pampeana. Es muy parecida a la garza común europea, tanto en su tamaño, forma y colores como en su vuelo, hábitos de vida y alimentación.
Mide aproximadamente un metro de longitud, tanto el macho como la hembra, al igual que su plumaje que es idéntico.
La garza mora habita normalmente ambientes relacionados con el agua, o sea esteros, ríos, pantanos.
Gracias a sus patas largas podemos ver a las garzas alimentarse en aguas poco profundas.
Su dieta la constituyen principalmente peces, ranas, renacuajos, insectos acuáticos, también a veces incursiona en terrenos aledaños en busca de roedores, reptiles e insectos terrestres; también es un hábil cazador de tuco-tucos, a los que espera en las horas de la tarde, sin moverse frente a las cuevas, hasta que estos salgan para engullirlos rápidamente.
Con la cabeza gacha y la vista fija en el suelo, la garza permanece quieta o camina lentamente en busca de sus presas; al ubicarlas utiliza el pico y en forma veloz las atrapa con fuerza, tragándolas enteras.
Su voracidad es poco menos que insaciable, y devora gran cantidad por día; su notable vista le permite cazar de noche con gran habilidad, aún en aguas turbias.
La garza mora es sedentaria y de hábitos solitarios, anda siempre sola o con su compañera, con la que forma pareja para toda la vida; muy pocas veces se la ve en grupos con sus congéneres.
Acostumbra acudir siempre a los mismos bañados, arroyos, ríos y lagunas.
A comienzos del verano, la garza mora nidifica; forma colonias numerosas, en ambientes relacionados con el agua.
El nido lo ubica en los tallos de juncos sobre el agua, aunque también lo hace en árboles o sobre el piso.
Para la construcción utiliza juncos doblados, tallos de cardo, ramitas, cañas y otros yuyos; generalmente miden unos 50 centímetros de diámetro.
La postura la realiza una sola vez al año, y consta de 3 a 4 huevos, de color azul verdoso.
La nidificación dura unas tres semanas. Tanto el macho como la hembra intervienen en esta tarea. Nacidos los pichones, durante los primeros días los padres los alimentan con sustancias semidigeridas.
Luego los pichones introducen su pico en el buche de sus padres, hasta llegar a la cuarta semana en que los críos se valen por sí solos.
Los pichones tienen un plumón blanco no muy abundante, que luego cambian directamente por el plumaje adulto.
Al mes de edad presentan todavía en la cabeza algunos plumones que le dan un aspecto muy bonito. Son consumados nadadores, facultad que no tienen en la edad de adultos.
Generalmente presta buenos servicios a la agricultura, pero no así en los establecimientos de piscicultura o lagos donde se explota la pesca, donde puede causar muchos perjuicios.
Esta elegante ave, verdadero adorno de ríos, pantanos, riachos es otra de las tantas que enorgullecen nuestro querido suelo.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar
Por el colorido y tonos de sus plumas, las aves han despertado siempre la sensibilidad y admiración del hombre.
Muchas de ellas, por el colorido y formas de sus plumas, sufren los “peligros de la hermosura”, pues el hombre las utiliza para uso personal o comercial, como en el caso de la garza blanca. Otra que sufre persecuciones, si bien en menor medida es la garza mora.
La garza mora (Ardea cocoi) recibe además, según las zonas donde habita, los nombres de “garza grande”, “garza plomo”, “garza cenicienta” o “garza”.
En nuestro país es muy amplia su difusión; habita desde el norte hasta Tierra del Fuego, pero donde es mayor su abundancia es en el litoral y la llanura chaco-pampeana. Es muy parecida a la garza común europea, tanto en su tamaño, forma y colores como en su vuelo, hábitos de vida y alimentación.
Mide aproximadamente un metro de longitud, tanto el macho como la hembra, al igual que su plumaje que es idéntico.
La garza mora habita normalmente ambientes relacionados con el agua, o sea esteros, ríos, pantanos.
Gracias a sus patas largas podemos ver a las garzas alimentarse en aguas poco profundas.
Su dieta la constituyen principalmente peces, ranas, renacuajos, insectos acuáticos, también a veces incursiona en terrenos aledaños en busca de roedores, reptiles e insectos terrestres; también es un hábil cazador de tuco-tucos, a los que espera en las horas de la tarde, sin moverse frente a las cuevas, hasta que estos salgan para engullirlos rápidamente.
Con la cabeza gacha y la vista fija en el suelo, la garza permanece quieta o camina lentamente en busca de sus presas; al ubicarlas utiliza el pico y en forma veloz las atrapa con fuerza, tragándolas enteras.
Su voracidad es poco menos que insaciable, y devora gran cantidad por día; su notable vista le permite cazar de noche con gran habilidad, aún en aguas turbias.
La garza mora es sedentaria y de hábitos solitarios, anda siempre sola o con su compañera, con la que forma pareja para toda la vida; muy pocas veces se la ve en grupos con sus congéneres.
Acostumbra acudir siempre a los mismos bañados, arroyos, ríos y lagunas.
A comienzos del verano, la garza mora nidifica; forma colonias numerosas, en ambientes relacionados con el agua.
El nido lo ubica en los tallos de juncos sobre el agua, aunque también lo hace en árboles o sobre el piso.
Para la construcción utiliza juncos doblados, tallos de cardo, ramitas, cañas y otros yuyos; generalmente miden unos 50 centímetros de diámetro.
La postura la realiza una sola vez al año, y consta de 3 a 4 huevos, de color azul verdoso.
La nidificación dura unas tres semanas. Tanto el macho como la hembra intervienen en esta tarea. Nacidos los pichones, durante los primeros días los padres los alimentan con sustancias semidigeridas.
Luego los pichones introducen su pico en el buche de sus padres, hasta llegar a la cuarta semana en que los críos se valen por sí solos.
Los pichones tienen un plumón blanco no muy abundante, que luego cambian directamente por el plumaje adulto.
Al mes de edad presentan todavía en la cabeza algunos plumones que le dan un aspecto muy bonito. Son consumados nadadores, facultad que no tienen en la edad de adultos.
Generalmente presta buenos servicios a la agricultura, pero no así en los establecimientos de piscicultura o lagos donde se explota la pesca, donde puede causar muchos perjuicios.
Esta elegante ave, verdadero adorno de ríos, pantanos, riachos es otra de las tantas que enorgullecen nuestro querido suelo.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
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Garza Blanca
A quién de aquellos que suelen frecuentar nuestros ríos, no les ha llamado la atención una garza? Quién no reparó en su elegancia al desplazarse, en lo puntilloso de su forma de hundir las plantas en el agua baja, siempre entre los juncos, hurgando? Entre las distintas variedades de estas aves, de la familia de los ardeidos, la garza blanca se encuentra en un sitio preferencial, pero no solamente por su belleza, si uno por otras cualidades y extrañezas.
Se diferencia de las otras garzas primero por su vuelo – por lo general la especie aletea en forma parsimoniosa, hasta parecería que con desgano- ya que la garcita blanca ( egretta thula) vuela con gracia y agilidad, estirando bien sus patas hacia atrás, casi invisibles, desde abajo, y además encoge su largo cuello.
Como las otras, se alimenta de pájaros, roedores, reptiles, insectos acuáticos, crustáceos y peces, y en busca de su alimento esta ave se desplaza de la manera más sigilosa dentro del agua casi siempre, y nada de lo que sucede a su alrededor le es ajeno.
Sus sentidos alerta hacen que, a modo de estilete, su pico determine el momento y como un resorte se introduzca en el agua dando caza a su presa. Es difícil que la garza blanca emerja parte de su largo cuello sin un pe u otra de sus apetencias.
Siempre se ha dicho que su certeza y sus movimientos son dignos de observación como el mejor ejemplo de una perfecta coordinación entre el sentido y el cuerpo.
Otra de sus originalidades es su forma de capturar los peces, en los lugares bajos se agrupan docenas de ellas haciendo una especie de abanico semicircular, juntan las alas entre sí sin que haya grandes espacios, las hunden en el agua y juntas comienzan a cercar a los peces hacia la costa. Así, de esta forma inteligente y en grupo, consiguen gran cantidad de comida merced a sus alas.
Como toda su variedad, son desconfiadas y cautelosas, y en los casos en que ven invadidos sus territorios por otras aves llegan a ser sanguinarias.
Entre las denominaciones vulgares se destacan los nombres de “ garza blanca mayor” “ garcita”, “ trila”, “trulla”, y “thula”, esta última denominación fue dada por los mapuches.
En nuestro país, donde se puede decir que prácticamente se encuentran las 22 variedades de esta especie, se las puede hallar en casi todos los ríos, lagunas y bañados.
Su plumaje es enteramente blanco; los ojos amarillos. Su pico es negro por arriba a excepción de la punta y la parte inferior y zona carnosa hasta los ojos, que también como estos es amarilla. Hay escasa diferencia entre el macho y la hembra y son pocos los que suelen marcar esa diferencia con facilidad.
Los pichones empluman igual color que los ejemplares adultos, son nidícolas y sus padres los alimentan hasta que los pequeños pueden valerse por sus propios medios.
Su hábitat preferido, como ya lo dijimos, lo tienen cerca de los ríos, entre juncales, con los que además construyen los nidos y hasta suelen formar colonias con otras garzas. La hembra no pone más de cinco huevos, de color celeste verdoso, cuyas medidas no superan los 43 mm de largo por 33 mm de ancho.
En Francia se la llama “ aigrette”, que quiere decir plumas que le nacen como atavío nupcial. Esta elegancia le costó demasiado a la garcita blanca; la moda hizo que estas suaves y pequeñas plumas de su cuello fueran usadas en otra época para adornar sombreros de señoras.
La consecuencia fue previsible; casi llegó al exterminio de la especie, hasta que en 1913, debido a frutos legislativos, una ley arancelaria prohibió la exportación de plumas a Estados Unidos, uno de los principales compradores.
Sin duda que los legisladores, imbuidos en cierto aspecto por la razón y por los nacientes estudios ecológicos, se determinaron en defensa de la fauna, aunque esta medida significara el disgusto de los sombrereros y de algunas damas añorando aquella triste elegancia.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar
Se diferencia de las otras garzas primero por su vuelo – por lo general la especie aletea en forma parsimoniosa, hasta parecería que con desgano- ya que la garcita blanca ( egretta thula) vuela con gracia y agilidad, estirando bien sus patas hacia atrás, casi invisibles, desde abajo, y además encoge su largo cuello.
Como las otras, se alimenta de pájaros, roedores, reptiles, insectos acuáticos, crustáceos y peces, y en busca de su alimento esta ave se desplaza de la manera más sigilosa dentro del agua casi siempre, y nada de lo que sucede a su alrededor le es ajeno.
Sus sentidos alerta hacen que, a modo de estilete, su pico determine el momento y como un resorte se introduzca en el agua dando caza a su presa. Es difícil que la garza blanca emerja parte de su largo cuello sin un pe u otra de sus apetencias.
Siempre se ha dicho que su certeza y sus movimientos son dignos de observación como el mejor ejemplo de una perfecta coordinación entre el sentido y el cuerpo.
Otra de sus originalidades es su forma de capturar los peces, en los lugares bajos se agrupan docenas de ellas haciendo una especie de abanico semicircular, juntan las alas entre sí sin que haya grandes espacios, las hunden en el agua y juntas comienzan a cercar a los peces hacia la costa. Así, de esta forma inteligente y en grupo, consiguen gran cantidad de comida merced a sus alas.
Como toda su variedad, son desconfiadas y cautelosas, y en los casos en que ven invadidos sus territorios por otras aves llegan a ser sanguinarias.
Entre las denominaciones vulgares se destacan los nombres de “ garza blanca mayor” “ garcita”, “ trila”, “trulla”, y “thula”, esta última denominación fue dada por los mapuches.
En nuestro país, donde se puede decir que prácticamente se encuentran las 22 variedades de esta especie, se las puede hallar en casi todos los ríos, lagunas y bañados.
Su plumaje es enteramente blanco; los ojos amarillos. Su pico es negro por arriba a excepción de la punta y la parte inferior y zona carnosa hasta los ojos, que también como estos es amarilla. Hay escasa diferencia entre el macho y la hembra y son pocos los que suelen marcar esa diferencia con facilidad.
Los pichones empluman igual color que los ejemplares adultos, son nidícolas y sus padres los alimentan hasta que los pequeños pueden valerse por sus propios medios.
Su hábitat preferido, como ya lo dijimos, lo tienen cerca de los ríos, entre juncales, con los que además construyen los nidos y hasta suelen formar colonias con otras garzas. La hembra no pone más de cinco huevos, de color celeste verdoso, cuyas medidas no superan los 43 mm de largo por 33 mm de ancho.
En Francia se la llama “ aigrette”, que quiere decir plumas que le nacen como atavío nupcial. Esta elegancia le costó demasiado a la garcita blanca; la moda hizo que estas suaves y pequeñas plumas de su cuello fueran usadas en otra época para adornar sombreros de señoras.
La consecuencia fue previsible; casi llegó al exterminio de la especie, hasta que en 1913, debido a frutos legislativos, una ley arancelaria prohibió la exportación de plumas a Estados Unidos, uno de los principales compradores.
Sin duda que los legisladores, imbuidos en cierto aspecto por la razón y por los nacientes estudios ecológicos, se determinaron en defensa de la fauna, aunque esta medida significara el disgusto de los sombrereros y de algunas damas añorando aquella triste elegancia.
René Darán
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