La tipa blanca tiene su hábitat especial en el noroeste argentino, desde Catamarca hasta la frontera con Bolivia, pero este detalle no quita que este casi gigante (sobre todo por su altura, que puede alcanzar los 40 metros) se pueda desarrollar excelentemente en otras zonas que al parecer también le son propicias.
En nuestra ciudad, en nuestro parque Independencia, se encuentran los ejemplares más añejos de tipa blanca mezclados entre la gran variedad de árboles y plantas florales. Incluso, se los ve en algunas de nuestras avenidas –bulevar Oroño es una- y más fácilmente se los detecta en su temporada de floración, cuando el mando amarillo que los corona decide tomar la forma de una alfombra y cubrir las veredas.
La tipa blanca es de las familias –una gran familia dicho sea de paso- de las leguminosas y su nombre es Tijuana tipu. Entre otros ejemplares como laureles, cedros o paracaes, la tipa se destaca no sólo por su altura sino por su corpulencia y la elegancia de su porte conspicuo. Su cuerpo en los ejemplares medianos es de 1,60 m de diámetro y sobresalen dentro de su rectitud sus gruesas ramas que son llamativamente flexuosas. Su corteza es agrietada y gris y, dada la característica de su fortaleza, la tipa es la planta de las otras plantas. Esto último parece extraño pero no lo es. Las plantas epífitas (que viven en las otras, de las otras, sobre las otras), que son innumerables y algunas de ellas extremadamente dañinas porque secan la rama donde se apoyan, tal el caso del aparentemente inofensivo clavel del aire, no le hacen mella a la tipa y allí pueden desarrollarse normalmente. Hay gran variedad de estas plantas que hacen de la tipa blanca su “nido de protección y alimento”.
Hay ejemplares que se los ve cubiertos de otras plantas epífitas, sin que la tipa muestre molestias por sus “amigas intrusas”.
Frutos: Quién no ha encontrado en los parques una especie de ala marrón con un pequeño bultito en una de sus esquinas? En la temporada posterior a la floración es común, y esa es la semilla de la tipa, de 1 cm de largo por 15 a 28 mm de ancho.
La apariencia del ala es leñosa y su delgada lámina castaño grisácea es atravesada por pequeños hilos o nervios más gruesos que el espesor del ala. En todo el borde del ala se acentúa su grosor que suele ser extremadamente duro al manipuleo. Las semillas en sí (no el ala, que es su envoltorio protector), son pequeñas y oblongas, y se alojan en los compartimentos del ala en número de tres o cuatro.
Decíamos más arriba que el cuerpo de la tipa, es decir sus ramas, son gruesas y flexuosas, casi ondulantes, y esta característica hace del árbol una gran copa, densa y redondeada.
Su corteza es pardo grisácea, extremadamente resistente y requebrajada longitudinalmente. Sus figuras paralelas suelen dividirse en placas resistentes y si se daña el tronco éste exuda una resina de color rojizo que al contacto con el aire se solidifica cerrando la herida.
Hasta ahora el aprovechamiento de la tipa blanca no ha sido profundizado a pesar de ser, su madera, dura. Uno de los inconvenientes, que imaginamos, es la ondulación extraña de las ramas y los troncos, y esto determinaría un aprovechamiento específico. En otro orden de cualidades, hay una que es histórica: se realizan en la actualidad gran cantidad de excursiones turísticas para contemplar a estos colosos de antaño, tal el caso de los de Tipa Grande y Rosario de la Frontera (Salta). Hay, también, una “Tipa de la Independencia” que fue testigo de la jura de la bandera nacional por el ejército auxiliar del Perú, el 13 de febrero de 1813. lamentablemente, el árbol desapareció, no obstante el sitio quedó bautizado y la toponimia le dio a la tipa un lugar que bien se merece.
Los ejemplares magníficos de Tipa que adornan la avenida central del parque Independencia fueron traídos del norte argentino cuando el intendente Lamas cristalizó su iniciativa.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar
lunes, 23 de julio de 2007
Timbo blanco
Hay árboles que por las bondades de sus maderas, constituidas en materias primas para innumerables manifestaciones industriales y artesanales, conforman uno de los elementos más útiles en la economía del país.
Pero hay otras de excelentes cualidades, de uso casi limitado, por dificultades de explotación y extracción, por pertenecer a zonas muy húmedas, costaneras de los ríos, riachos, cañadones.
Uno de estos árboles de gran importancia por su uso y para la economía del país es sin lugar a duda el timbo blanco, conocido como: “timbo motí”, “timbo atá”, “palo flojo”.
Nombre científico (Cathormion polyanthum), pertenece a la familia de las leguminosas; clase dicotiledóneas.
Este árbol es componente típico de la formación boscosa, conocida como selva de galerías o ribereñas.
Se encuentra por lo general sobre albardones costaneros de los ríos, nachos y arroyos, en angostas fajas de tierras más altas, entre cañadones y bajíos de bañados. Sobre todo en la parte más oriental del Chaco, Formosa, Santa Fe y sobre el río Paraná; donde podemos observarlo en pequeñas formaciones puras.
Características
Sus hojas son compuestas, bipinadas, con los foliolos lanceolados de 1 centímetro de largo por 2 milímetros de ancho.
Las flores del timbo blanco son pequeños capítulos agrupados en las axilas, de color blanco.
El fruto es una legumbre achatada de unos 12 centímetros de largo por unos 10 milímetros de ancho, multiseriadas; no se abren naturalmente.
Alcanza una altura de aproximada a los 16 metros y tiene 60 centímetros de diámetro con una copa muy amplia.
Su madera es considerada moderadamente pesada, cuyo peso específico es de 0,600 kg. dm3.
El color de su albura es casi igual al de su duramen, blanco-amarillento.
El duramen tiene una veteado delicado, suave; de textura mediana a gruesa y heterogénea.
Su grano es derecho o ligeramente oblicuo, teniendo un leve brillo natural.
Por ser madera blanda es fácil de trabajar con máquinas y herramientas de carpintería y en forma manual.
Las características a los esfuerzos de flexión son buenas; es semiresistente al choque y a la compresión.
Por bondades físico-mecánicas y estéticas, esta madera se usa especialmente en cajonería, mueblería, tonelería, tornería, etc., encontrando adecuada aplicación en la fabricación de mangos para herramientas. Con excelente terminación, de superficies lisas, acepta muy bien pinturas, barnices y lustres.
Además se lo utiliza en industrias de terciado y con buenos resultados en enchapado, especialmente en el desbobinado, como también en la elaboración de pastas celulósicas.
Los anillos de crecimiento anual, están poco marcados.
No posee buen comportamiento su uso a la intemperie o en lugares húmedos o en contacto con la tierra.
Ofrece algunos inconvenientes importantes al secado. Por eso se deben tomar máximas precauciones y aplicar el proceso indicado para estos casos, y de esa manera evitar deformaciones; incluso es necesario aplicar tratamientos contra insectos.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar
Pero hay otras de excelentes cualidades, de uso casi limitado, por dificultades de explotación y extracción, por pertenecer a zonas muy húmedas, costaneras de los ríos, riachos, cañadones.
Uno de estos árboles de gran importancia por su uso y para la economía del país es sin lugar a duda el timbo blanco, conocido como: “timbo motí”, “timbo atá”, “palo flojo”.
Nombre científico (Cathormion polyanthum), pertenece a la familia de las leguminosas; clase dicotiledóneas.
Este árbol es componente típico de la formación boscosa, conocida como selva de galerías o ribereñas.
Se encuentra por lo general sobre albardones costaneros de los ríos, nachos y arroyos, en angostas fajas de tierras más altas, entre cañadones y bajíos de bañados. Sobre todo en la parte más oriental del Chaco, Formosa, Santa Fe y sobre el río Paraná; donde podemos observarlo en pequeñas formaciones puras.
Características
Sus hojas son compuestas, bipinadas, con los foliolos lanceolados de 1 centímetro de largo por 2 milímetros de ancho.
Las flores del timbo blanco son pequeños capítulos agrupados en las axilas, de color blanco.
El fruto es una legumbre achatada de unos 12 centímetros de largo por unos 10 milímetros de ancho, multiseriadas; no se abren naturalmente.
Alcanza una altura de aproximada a los 16 metros y tiene 60 centímetros de diámetro con una copa muy amplia.
Su madera es considerada moderadamente pesada, cuyo peso específico es de 0,600 kg. dm3.
El color de su albura es casi igual al de su duramen, blanco-amarillento.
El duramen tiene una veteado delicado, suave; de textura mediana a gruesa y heterogénea.
Su grano es derecho o ligeramente oblicuo, teniendo un leve brillo natural.
Por ser madera blanda es fácil de trabajar con máquinas y herramientas de carpintería y en forma manual.
Las características a los esfuerzos de flexión son buenas; es semiresistente al choque y a la compresión.
Por bondades físico-mecánicas y estéticas, esta madera se usa especialmente en cajonería, mueblería, tonelería, tornería, etc., encontrando adecuada aplicación en la fabricación de mangos para herramientas. Con excelente terminación, de superficies lisas, acepta muy bien pinturas, barnices y lustres.
Además se lo utiliza en industrias de terciado y con buenos resultados en enchapado, especialmente en el desbobinado, como también en la elaboración de pastas celulósicas.
Los anillos de crecimiento anual, están poco marcados.
No posee buen comportamiento su uso a la intemperie o en lugares húmedos o en contacto con la tierra.
Ofrece algunos inconvenientes importantes al secado. Por eso se deben tomar máximas precauciones y aplicar el proceso indicado para estos casos, y de esa manera evitar deformaciones; incluso es necesario aplicar tratamientos contra insectos.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
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Tatane
A medida que se van descubriendo las cualidades de nuevas maderas (esto sucede por el encarecimiento de las ya clásicas) se abre un panorama de utilidades a veces imprevisibles.
Esto ha sucedido con el peteribí, el palo santo, el quebracho colorado, por citar a unos pocos, y en la mayoría de los casos se dilucida (por el uso y la experiencia) que ciertas maderas consideradas aptas para un fin específico lo son también para otros más importantes que el original. Algo de eso pasó con el tatané ó Pithecellobium scalare -cuyo principal uso partió por ser este árbol no muy requerido. Las causas posiblemente se hagan visibles por ser su madera blanda, l¡viana a semipesada, de porosidad algo difusa dad algo difusa; pero el trabajo descubre que, a pesar de la textura mediana, la madera presenta un brillo dorado excelente, casi invariable, veteada por un suave amarillo.
Se descubre que la estabilidad no presenta inconvenientes como se suponía y que, merced a un tratamiento adecuado el tatané es sumamente apto por su trabajabilidad.
Los resultados fueron óptimos. La madera es hoy usada da para terminaciones pulidas, tanto barnizadas o lustradas, y es una de las maderas más vistosas para mueblería fina, trabajos de revestimientos, terciados, enchapados, molduras y hasta tallas de calidad, pero también para uso de muebles comunes como sillas, escritorios y estanterías donde se requiere una madera vistosa.
El tatané es una planta dicotiledónea, de la familia de las leguminosas, y entre sus muchos sinónimos los más conocidos son “tataré” "palo cascarudo" o "espinillo”.
Su participación dentro de nuestro territorio no es llamativo en las masas boscosas, pero sí es importante la extensa distribución geográfica; al tatané se lo puede encontrar desde la selva, subtropical misionera hasta las faldas orientales de los contrafuertes de la selva tucumano-boliviana.
Su altura llega hasta los 15 metros por un diámetro de hasta 80 centímetros. En Colonia Tacuruzal (Chaco) se encontró un ejemplar abuelo, ejemplar gigante para su especie, de 1,30 de diámetro. Si bien no se consiguió determinar con exactitud la edad sin dudas que al designarlo “tataré abuelo" la connotación resulta obvia.
Su densa copa, formada por hojas bipinadas, formada por ocho o más folíolos elípticos, miden de 1 a 2,50 centímetros.
Las flores son muy pequeñas, casi confundidas entre la fronda, y su color es blanco amarillento. Solamente cuando el tatané está totalmente florecido se hace visible su estado, pero si bien es un árbol de cierto porte y significancia no se puede decir que entre sus características principales se encuentre la belleza.
Las flores dan origen a un fruto curvo, enroscado en espiral, de varias vueltas y no carnoso de semillas pequeñas, uniseriadas y volátiles.
El tatané tiene la corteza de color grisácea amarilla con surcos profundos. Estos surcos son los que forman unas placas fácilmente arrancables cuando otras nuevas exigen ese lugar.
Volviendo a las utilidades de este árbol cabe también agregar que en artículo de tornería como hormas, mangos, cabos de herramientas y carrocerías de lujo dieron muestra de una madera que se adapta para usos variados. En el caso de la fabricación de toneles con esta madera han sido de buenos resultados, pero ha sido imprescindible la mano del hombre en su tratamiento, ya que la madera se deteriora fácilmente en la intemperie; distintas impregnaciones han hecho que esta debilidad natural ha dejado de ser una preocupación y la madera del solitario tatané suple a otras maderas más resistentes en funciones para las cuales no estaba preparada.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
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Esto ha sucedido con el peteribí, el palo santo, el quebracho colorado, por citar a unos pocos, y en la mayoría de los casos se dilucida (por el uso y la experiencia) que ciertas maderas consideradas aptas para un fin específico lo son también para otros más importantes que el original. Algo de eso pasó con el tatané ó Pithecellobium scalare -cuyo principal uso partió por ser este árbol no muy requerido. Las causas posiblemente se hagan visibles por ser su madera blanda, l¡viana a semipesada, de porosidad algo difusa dad algo difusa; pero el trabajo descubre que, a pesar de la textura mediana, la madera presenta un brillo dorado excelente, casi invariable, veteada por un suave amarillo.
Se descubre que la estabilidad no presenta inconvenientes como se suponía y que, merced a un tratamiento adecuado el tatané es sumamente apto por su trabajabilidad.
Los resultados fueron óptimos. La madera es hoy usada da para terminaciones pulidas, tanto barnizadas o lustradas, y es una de las maderas más vistosas para mueblería fina, trabajos de revestimientos, terciados, enchapados, molduras y hasta tallas de calidad, pero también para uso de muebles comunes como sillas, escritorios y estanterías donde se requiere una madera vistosa.
El tatané es una planta dicotiledónea, de la familia de las leguminosas, y entre sus muchos sinónimos los más conocidos son “tataré” "palo cascarudo" o "espinillo”.
Su participación dentro de nuestro territorio no es llamativo en las masas boscosas, pero sí es importante la extensa distribución geográfica; al tatané se lo puede encontrar desde la selva, subtropical misionera hasta las faldas orientales de los contrafuertes de la selva tucumano-boliviana.
Su altura llega hasta los 15 metros por un diámetro de hasta 80 centímetros. En Colonia Tacuruzal (Chaco) se encontró un ejemplar abuelo, ejemplar gigante para su especie, de 1,30 de diámetro. Si bien no se consiguió determinar con exactitud la edad sin dudas que al designarlo “tataré abuelo" la connotación resulta obvia.
Su densa copa, formada por hojas bipinadas, formada por ocho o más folíolos elípticos, miden de 1 a 2,50 centímetros.
Las flores son muy pequeñas, casi confundidas entre la fronda, y su color es blanco amarillento. Solamente cuando el tatané está totalmente florecido se hace visible su estado, pero si bien es un árbol de cierto porte y significancia no se puede decir que entre sus características principales se encuentre la belleza.
Las flores dan origen a un fruto curvo, enroscado en espiral, de varias vueltas y no carnoso de semillas pequeñas, uniseriadas y volátiles.
El tatané tiene la corteza de color grisácea amarilla con surcos profundos. Estos surcos son los que forman unas placas fácilmente arrancables cuando otras nuevas exigen ese lugar.
Volviendo a las utilidades de este árbol cabe también agregar que en artículo de tornería como hormas, mangos, cabos de herramientas y carrocerías de lujo dieron muestra de una madera que se adapta para usos variados. En el caso de la fabricación de toneles con esta madera han sido de buenos resultados, pero ha sido imprescindible la mano del hombre en su tratamiento, ya que la madera se deteriora fácilmente en la intemperie; distintas impregnaciones han hecho que esta debilidad natural ha dejado de ser una preocupación y la madera del solitario tatané suple a otras maderas más resistentes en funciones para las cuales no estaba preparada.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
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Tabaco
Las noticias más antiguas sobre costumbres de fumar, se remontan a tiempos muy remotos.
Plutarco, Pomponio, Heródolo, nos dicen en sus relatos que los asiáticos usaban haschich, el opio y otras sustancias narcóticas. Los escitas y tracios echaban sobre carbones encendidos, hojas y semillas aromáticas, y aspiraban el humo. Pero estos pueblos, así como Europa, desconocían el tabaco.
La historia del tabaco, o su difusión, comienza cuando Colón descubrió Santo Domingo. Los nativos, entre los muchos presentes, regalaron a los hombres blancos unas extrañas y largas hojas de color oscuro, que tenían un aroma penetrante. Marinos de la expedición que se internaron en la isla, descubrieron que hombres y mujeres hacían con estas hojas, rollitos que luego encendían y aspiraban ávidamente. Uno de estos marineros probó y le gustó mucho, y a su regreso a su patria quiso llevarse algunas hojas. En los viajes sucesivos comenzaron a llevarse a Europa, grandes cantidades de hojas, pues se les atribuían extraordinarias virtudes medicinales.
Recién en el año 1519, a un fraile francés se le ocurrió llevar semillas de esta planta como regalo al soberano, pero el rey no le prestó atención alguna, y las semillas fueron tiradas. Fue en Portugal que se las sembró por primera vez en un jardín; tiempo después, ya crecidas, dichas plantas florecieron; entonces, un apasionado de la botánica, el embajador francés en dicho país, Juan Nicot, se interesó, sorprendido por el aspecto de dicha planta y su olor penetrante. Después de observarla, creyó que podía tener cualidades terapéuticas; de esta manera, empezó a estudiar apasionadamente sus aplicaciones. Los primeros logros fueron mejoras en resfríos, curas de jaquecas, llagas y hasta mordeduras de perros hidrófobos. Muy pronto, toda Europa conocía el nombre de Nicot y su planta, con virtudes tan extraordinarias. Rápidamente, encontraron otras aplicaciones, como tratamientos de tortícolis, problemas intestinales, bronquitis y otras dolencias.
De esta manera, se introdujo el tabaco en Europa, no como placer sino como medicamento. Se lo conocía como “yerba del embajador”, “clister de la nariz”, “hierba reina” y “tabaco”. El duque de Guisa dispuso que se llamara “nicotina” en homenaje a Nicot, aunque comúnmente se lo siguió llamando “tabaco”.
A pesar de que los hombres de ciencia veían a esa planta nueva como importante medicamento, poco a poco comenzó a divulgarse la costumbre de utilizar sus hojas como placer. Así se fue extendiendo su uso por toda Europa. El navegante inglés Drake lo llevó a su país, luego el cortesano Raleigh lo introdujo en la corte.
La forma más común del uso del tabaco era en polvo o en pipa. Fue tanta y tan rápida la difusión que pronto se dieron cuenta que el abuso del tabaco era perjudicial a la salud. De esta manera comenzaron las primeras medidas contra su uso.
Durante el reinado de Luis XIV la venta se hacía bajo receta médica. Luego, se dictaron severos castigos para los fumadores, como cortarles las dos manos a quien sorprendían fumando. Pero el uso estaba tan difundido que, poco a poco, estas medidas fueron olvidándose y el tabaco pasó a ser uno de los productos más difundidos a pesar del perjuicio que causa. Y así, para hacer frente a la gran demanda, comenzaron más y más plantaciones hasta extenderse por todo el mundo.
Al principio, se consumió el tabaco en polvo y en pipa, después se hizo popular la “Nanongada”, luego la tabaquera; en el siglo XIX, el cigarro y en éste, el cigarrillo.
Los cigarros más famosos que se conocían eran los “habanos” procedentes de Cuba; luego en 1885, en Lucca (Italia), comenzaron a fabricarse los “toscanos” que muy pronto fueron famosos en el mundo entero.
Hoy día, los principales productores de tabaco en el mundo son los Estados Unidos, India y China. En la Argentina, se cultiva principalmente en Corrientes, Salta y Misiones y en menor proporción en Jujuy, Tucumán, Catamarca y norte de Santa Fe.
El tabaco es una planta de la familia de las solanaceas, originaria de América, cuyo nombre viene de una de las islas del grupo de las Antillas, Tabago o Tobago.
El tallo es recto, sus hojas grandes y puntiagudas, las flores están reunidas en ramilletes elegantes, alcanza hasta 2 metros de altura; es venenosa y narcótica. Cada planta tiene de 15 a 20 hojas, que se recogen en varias veces a medida que van madurando, luego se secan colocándose en ristras en largas cañas.
Las hojas se seleccionan unas para cigarros, otras para cigarrillos, otra para preparar rape. Algunas fibras de las hojas se aprovechan como materia celulosa. De la semilla del tabaco se extrae aceite comestible y también se fabrican algunos insecticidas a base de nicotina.
El tabaco contiene nicotina, que en estado natural es muy venenosa; con 5 gramos es suficiente para matar a un hombre. La nicotina se destruye con el fuego del cigarrillo, pero se transforma en un gas nocivo que afecta las vías respiratoria.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
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Plutarco, Pomponio, Heródolo, nos dicen en sus relatos que los asiáticos usaban haschich, el opio y otras sustancias narcóticas. Los escitas y tracios echaban sobre carbones encendidos, hojas y semillas aromáticas, y aspiraban el humo. Pero estos pueblos, así como Europa, desconocían el tabaco.
La historia del tabaco, o su difusión, comienza cuando Colón descubrió Santo Domingo. Los nativos, entre los muchos presentes, regalaron a los hombres blancos unas extrañas y largas hojas de color oscuro, que tenían un aroma penetrante. Marinos de la expedición que se internaron en la isla, descubrieron que hombres y mujeres hacían con estas hojas, rollitos que luego encendían y aspiraban ávidamente. Uno de estos marineros probó y le gustó mucho, y a su regreso a su patria quiso llevarse algunas hojas. En los viajes sucesivos comenzaron a llevarse a Europa, grandes cantidades de hojas, pues se les atribuían extraordinarias virtudes medicinales.
Recién en el año 1519, a un fraile francés se le ocurrió llevar semillas de esta planta como regalo al soberano, pero el rey no le prestó atención alguna, y las semillas fueron tiradas. Fue en Portugal que se las sembró por primera vez en un jardín; tiempo después, ya crecidas, dichas plantas florecieron; entonces, un apasionado de la botánica, el embajador francés en dicho país, Juan Nicot, se interesó, sorprendido por el aspecto de dicha planta y su olor penetrante. Después de observarla, creyó que podía tener cualidades terapéuticas; de esta manera, empezó a estudiar apasionadamente sus aplicaciones. Los primeros logros fueron mejoras en resfríos, curas de jaquecas, llagas y hasta mordeduras de perros hidrófobos. Muy pronto, toda Europa conocía el nombre de Nicot y su planta, con virtudes tan extraordinarias. Rápidamente, encontraron otras aplicaciones, como tratamientos de tortícolis, problemas intestinales, bronquitis y otras dolencias.
De esta manera, se introdujo el tabaco en Europa, no como placer sino como medicamento. Se lo conocía como “yerba del embajador”, “clister de la nariz”, “hierba reina” y “tabaco”. El duque de Guisa dispuso que se llamara “nicotina” en homenaje a Nicot, aunque comúnmente se lo siguió llamando “tabaco”.
A pesar de que los hombres de ciencia veían a esa planta nueva como importante medicamento, poco a poco comenzó a divulgarse la costumbre de utilizar sus hojas como placer. Así se fue extendiendo su uso por toda Europa. El navegante inglés Drake lo llevó a su país, luego el cortesano Raleigh lo introdujo en la corte.
La forma más común del uso del tabaco era en polvo o en pipa. Fue tanta y tan rápida la difusión que pronto se dieron cuenta que el abuso del tabaco era perjudicial a la salud. De esta manera comenzaron las primeras medidas contra su uso.
Durante el reinado de Luis XIV la venta se hacía bajo receta médica. Luego, se dictaron severos castigos para los fumadores, como cortarles las dos manos a quien sorprendían fumando. Pero el uso estaba tan difundido que, poco a poco, estas medidas fueron olvidándose y el tabaco pasó a ser uno de los productos más difundidos a pesar del perjuicio que causa. Y así, para hacer frente a la gran demanda, comenzaron más y más plantaciones hasta extenderse por todo el mundo.
Al principio, se consumió el tabaco en polvo y en pipa, después se hizo popular la “Nanongada”, luego la tabaquera; en el siglo XIX, el cigarro y en éste, el cigarrillo.
Los cigarros más famosos que se conocían eran los “habanos” procedentes de Cuba; luego en 1885, en Lucca (Italia), comenzaron a fabricarse los “toscanos” que muy pronto fueron famosos en el mundo entero.
Hoy día, los principales productores de tabaco en el mundo son los Estados Unidos, India y China. En la Argentina, se cultiva principalmente en Corrientes, Salta y Misiones y en menor proporción en Jujuy, Tucumán, Catamarca y norte de Santa Fe.
El tabaco es una planta de la familia de las solanaceas, originaria de América, cuyo nombre viene de una de las islas del grupo de las Antillas, Tabago o Tobago.
El tallo es recto, sus hojas grandes y puntiagudas, las flores están reunidas en ramilletes elegantes, alcanza hasta 2 metros de altura; es venenosa y narcótica. Cada planta tiene de 15 a 20 hojas, que se recogen en varias veces a medida que van madurando, luego se secan colocándose en ristras en largas cañas.
Las hojas se seleccionan unas para cigarros, otras para cigarrillos, otra para preparar rape. Algunas fibras de las hojas se aprovechan como materia celulosa. De la semilla del tabaco se extrae aceite comestible y también se fabrican algunos insecticidas a base de nicotina.
El tabaco contiene nicotina, que en estado natural es muy venenosa; con 5 gramos es suficiente para matar a un hombre. La nicotina se destruye con el fuego del cigarrillo, pero se transforma en un gas nocivo que afecta las vías respiratoria.
René Darán
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Semilla
Las semillas existen solo en las plantas que tiene flores, las fenerógamas. Estas se forman cuando la flor fecundada se transforma en fruto. El óvulo, después de haber sido fecundado por el polen, sufre grandes modificaciones que culminan en la semilla. Si la flor es, por su exquisita fragancia y por la belleza de sus colores, la parte más atractiva de una planta; la semilla es la más importante, misteriosa y delicada. Porque de ella, de su desarrollo, nacerá un nuevo organismo que dará la seguridad de la continuidad de la especie. La semilla cae en el surco abierto en la tierra hecha por el arado, o en un hoyo hecho en un jardín o una maceta, o simplemente esparcida por los caprichos del viento. Allí el colono, el jardinero, el país, confiará en ellas esperanzas de un futuro mejor y más sereno; porque de esa pequeña semilla dependerá la vida de la familia, la de todos los hombres y mujeres que viven en el campo o en las grandes ciudades. Ese germen que dará una planta, una flor, un fruto, un nuevo árbol. Árbol que crecerá y dará una nueva flor y muchas semillas. Y así se reproducirá interminablemente la especie. Especie que contribuirá al alimento, al bienestar, a las necesidades del ser vivo.
Esa pequeña semilla chupará la humedad de la tierra y se irá hinchando; y con la ayuda de los fermentos escondidos en la tierra, que le dan una potencia formidable, comenzará a crecer, a despertar a una nueva vida. Para germinar, las semillas, además de la humedad y las sustancias que recogen de la tierra, necesitan del calor y del aire. La semilla está dentro de un tegumento que es la envoltura propia, cuya función es proteger y además favorecer la dispersión de la misma. Cada especie presenta en su superficie características propias: en algunas, la piel es lisa (como en la pera, calabaza, sandía); otras tienen capas carnosas (la granada); otras arrugas, crestas, son cerozas. Encontramos otras, como las semillas de los abetos y los pinos, que tienen adosada una especie de ala en un extremo; algunas como la del algodón, están envueltas en espesos y largos pliegues. También están aquellas provistas de mechones vellosos y plumosos; en la nuez moscada está muy desarrollada y ramificada.
La dispersión, si no es organizada por el hombre, se realiza de distintas maneras: a algunas el viento las transporta a través de grandes distancias, al igual que los pájaros. Otras caen en alguna corriente de agua, y así se asegura la dispersión de las diferentes especies vegetales.
La semilla, cuando se desprende de la planta madre, está lista, o sea en condiciones para desarrollarse y dar lugar al nacimiento de una nueva vida. Por eso, donde cae o es plantada necesita para su desarrollos, según la especie, cantidad de agua y oxígeno necesario. La humedad que la semilla encuentre ayudará a que, en el momento de hincharse, se produzca la ruptura del tegumento, permitiendo la yema liberarse.
Algunas nacen en pocas horas, otras en días; algunas demoran meses o varios años, como las coníferas. Esta tardanza se debe a la dureza y espesor del tegumento. En esos casos, cuando el hombre la siembra, generalmente lima el tegumento o sumerge los granos en distintos líquidos para acelerar el nacimiento.
Las semillas tienen distinta duración, y ésta está subordinada a su capacidad de brotar. Algunas, como las de los sauces y álamos, sólo conservan su vitalidad por pocos días; otras se ponen rancias rápidamente y como consecuencia pierden todo poder de germinación. También están las que duran 10 o más años (como el centeno).
Todas necesitan, al igual que los seres vivos, del oxígeno. Hay excepciones, como el caso del arroz, que no necesita una cuota tan alta de oxígeno y puede brotar sumergida bajo el agua. Por este motivo, se siembra a grandes profundidades, y con la tierra bien trabajada, para que el terreno esté bien arreado.
Las semillas no solo sirven para dar nacimiento a una nueva planta; muchas son comestibles, como las arvejas, porotos, judías, nueces, habas, etc. Ahora que hemos analizado en profundidad a la semilla, podemos ver por qué dijimos al principio que era la parte más importante, misteriosa y delicada de la planta.
René Darán
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Director EcoNews
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Esa pequeña semilla chupará la humedad de la tierra y se irá hinchando; y con la ayuda de los fermentos escondidos en la tierra, que le dan una potencia formidable, comenzará a crecer, a despertar a una nueva vida. Para germinar, las semillas, además de la humedad y las sustancias que recogen de la tierra, necesitan del calor y del aire. La semilla está dentro de un tegumento que es la envoltura propia, cuya función es proteger y además favorecer la dispersión de la misma. Cada especie presenta en su superficie características propias: en algunas, la piel es lisa (como en la pera, calabaza, sandía); otras tienen capas carnosas (la granada); otras arrugas, crestas, son cerozas. Encontramos otras, como las semillas de los abetos y los pinos, que tienen adosada una especie de ala en un extremo; algunas como la del algodón, están envueltas en espesos y largos pliegues. También están aquellas provistas de mechones vellosos y plumosos; en la nuez moscada está muy desarrollada y ramificada.
La dispersión, si no es organizada por el hombre, se realiza de distintas maneras: a algunas el viento las transporta a través de grandes distancias, al igual que los pájaros. Otras caen en alguna corriente de agua, y así se asegura la dispersión de las diferentes especies vegetales.
La semilla, cuando se desprende de la planta madre, está lista, o sea en condiciones para desarrollarse y dar lugar al nacimiento de una nueva vida. Por eso, donde cae o es plantada necesita para su desarrollos, según la especie, cantidad de agua y oxígeno necesario. La humedad que la semilla encuentre ayudará a que, en el momento de hincharse, se produzca la ruptura del tegumento, permitiendo la yema liberarse.
Algunas nacen en pocas horas, otras en días; algunas demoran meses o varios años, como las coníferas. Esta tardanza se debe a la dureza y espesor del tegumento. En esos casos, cuando el hombre la siembra, generalmente lima el tegumento o sumerge los granos en distintos líquidos para acelerar el nacimiento.
Las semillas tienen distinta duración, y ésta está subordinada a su capacidad de brotar. Algunas, como las de los sauces y álamos, sólo conservan su vitalidad por pocos días; otras se ponen rancias rápidamente y como consecuencia pierden todo poder de germinación. También están las que duran 10 o más años (como el centeno).
Todas necesitan, al igual que los seres vivos, del oxígeno. Hay excepciones, como el caso del arroz, que no necesita una cuota tan alta de oxígeno y puede brotar sumergida bajo el agua. Por este motivo, se siembra a grandes profundidades, y con la tierra bien trabajada, para que el terreno esté bien arreado.
Las semillas no solo sirven para dar nacimiento a una nueva planta; muchas son comestibles, como las arvejas, porotos, judías, nueces, habas, etc. Ahora que hemos analizado en profundidad a la semilla, podemos ver por qué dijimos al principio que era la parte más importante, misteriosa y delicada de la planta.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar
Saucillo
Todos los seres vivos, de distintas maneras, contribuyen a contaminar, destruir e infectar el medioambiente. El hombre, con sus fábricas, su era atómica, su química, sus desperdicios; el animal, por sobrevivir.
En cambio, el árbol, al absorber el alimento impuro, nos devuelve el aire respirable, atempera los climas, regula los vientos, divide o suaviza con su raigambre las corrientes de agua, consolida los bordes, construye diques subterráneos, libra o suaviza muchas veces fuertes crecidas, atrae o disemina nubes en busca de agua.
Por ello, el árbol, además de ser de valor por su belleza estética, es un gran contribuyente para la salud, tiene influencia importante sobre la meteorología, es prenda en la riqueza agrícola y gran benefactor del desarrollo industrial; en realidad, es el silencioso abanderado del globo.
Saucillo
El saucillo es un árbol por lo general espinoso, ocasionalmente inerme, de una altura aproximada de 8 a 10 metros, su tronco es de unos 20 a 40 centímetros de diámetro.
Dicho tronco está revestido por una corteza de color castaño-grisáceo. Su copa es amplia e intrincada, caediza; sus hojas son muy parecidas a las del sauce y por eso se lo llama vulgarmente “saucillo”. También se le dice “ibá-je-é”, que en guaraní significa fruta dulce, haciendo referencia al sabor dulce de sus frutos. Estos son muy buscados por los niños y los pájaros, pues poseen una pulpa fibrosa, jugosa y muy rica.
En la Argentina, su área de distribución es bastante amplia; se extiende desde la frontera norte hasta Córdoba y Santa Fe y noroeste de Corrientes.
Su madera es blanda, de color blanco-amarillento.
Si bien es un árbol de aspecto interesante, sobre todo por su tupida y enmarañada copa, su aplicación en la industria es casi nula.
Los frutos son drupas globosas, amarillentas en la madurez, similares a un damasquito. Tiene una sola semilla, la pulpa es fibrosa, jugosa y muy dulce.
Las hojas son caedizas, poco pubescentes.
El ser humano puede sustituir los elementos de su alimentación animal con productos vegetales, y la energía animal que utiliza por motores y máquinas, pero nunca prescindir del árbol.
En efecto, sin el árbol se haría muy difícil la vida de los seres vivos.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar
En cambio, el árbol, al absorber el alimento impuro, nos devuelve el aire respirable, atempera los climas, regula los vientos, divide o suaviza con su raigambre las corrientes de agua, consolida los bordes, construye diques subterráneos, libra o suaviza muchas veces fuertes crecidas, atrae o disemina nubes en busca de agua.
Por ello, el árbol, además de ser de valor por su belleza estética, es un gran contribuyente para la salud, tiene influencia importante sobre la meteorología, es prenda en la riqueza agrícola y gran benefactor del desarrollo industrial; en realidad, es el silencioso abanderado del globo.
Saucillo
El saucillo es un árbol por lo general espinoso, ocasionalmente inerme, de una altura aproximada de 8 a 10 metros, su tronco es de unos 20 a 40 centímetros de diámetro.
Dicho tronco está revestido por una corteza de color castaño-grisáceo. Su copa es amplia e intrincada, caediza; sus hojas son muy parecidas a las del sauce y por eso se lo llama vulgarmente “saucillo”. También se le dice “ibá-je-é”, que en guaraní significa fruta dulce, haciendo referencia al sabor dulce de sus frutos. Estos son muy buscados por los niños y los pájaros, pues poseen una pulpa fibrosa, jugosa y muy rica.
En la Argentina, su área de distribución es bastante amplia; se extiende desde la frontera norte hasta Córdoba y Santa Fe y noroeste de Corrientes.
Su madera es blanda, de color blanco-amarillento.
Si bien es un árbol de aspecto interesante, sobre todo por su tupida y enmarañada copa, su aplicación en la industria es casi nula.
Los frutos son drupas globosas, amarillentas en la madurez, similares a un damasquito. Tiene una sola semilla, la pulpa es fibrosa, jugosa y muy dulce.
Las hojas son caedizas, poco pubescentes.
El ser humano puede sustituir los elementos de su alimentación animal con productos vegetales, y la energía animal que utiliza por motores y máquinas, pero nunca prescindir del árbol.
En efecto, sin el árbol se haría muy difícil la vida de los seres vivos.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar
Sangre de Drago
El mapa forestal de nuestro país muestra varias zonas boscosas que coinciden con las regiones de mayor precipitación pluvial, principal factor de su desarrollo. Dichas zonas comprenden: selvas (misionera, serrana, tucumano-jujeña, formoseña y austral-andina), bosques chaqueños y serrano central y montes (pampa seca, mesopotámico y ribereño bonaerense).
La selva misionera es densa e impenetrable, cubre Misiones y continúa hacia el norte de Corrientes. Está poblada por especies de árboles de gran altura y crecen entre ellos una enorme cantidad de enredaderas parásitas, tacuaras, helechos y orquídeas. Generalmente se penetra en ella abriendo brechas a fuerza de hacha y machete.
La selva tucumano-jujeña cubre las laderas, quebradas y valles angostos de las sierras subandinas, formando un estrecho corredor de norte a sur. Se extiende por las provincias de Salta, Jujuy y Tucumán.
La selva formoseña comprende Formosa y noroeste de Salta, y en ella se mezclan las características de selvas vecinas: al este la misionera, al oeste la tucumano-jujeña y al sur la chaqueña. En los árboles altos se mexclan tupidas enredaderas.
La selva austral andina comprende los valles y quebradas de los Andes del sur, desde Neuquén hasta Tierra del Fuego.
Es selva espesa, cubierta de árboles majestuosos, donde abundan las plantas trepadoras parásitas y los matorrales de cañas.
Varios factores hacen al desarrollo de la selva: la lluvia excesiva en Misiones, abundante en Formosa y sierras subandinas; el suelo cubierto de humus, que le da fertilidad; y el clima cálido de la región, que contribuye al aumento del follaje.
El bosque chaqueño tiene características propias que lo distingue en el paisaje vegetal argentino: sus árboles son menos desarrollados y más ralos (claros por donde circula el aire y la luz) que los de la selva.
Se extiende desde las últimas estribaciones de las sierras subandinas, al este hasta los ríos Paraná y Paraguay, al norte hasta el Bermejo y al sur hasta los ríos Salado y Dulce. Un típico y valioso exponente es el quebracho colorado.
La formación del bosque serrano central cubre las laderas orientales y las quebradas de las sierras Guaseyán, Santiago del Estero, sierras de Córdoba y San Luis.
Los montes de la pampa seca están determinados por las escasas lluvias; encierran arbustos y matorrales bajos, predominando los árboles leñosos con espinas y follaje ralo, mezclado con cetáceas y cardones.
Los mesopotámicos se extienden desde el sur de la provincia de Misiones hasta el delta del Paraná.
El ribereño-bonaerense cubre las costas del Plata y Paraná.
En la zona litoraleña encontramos al sangre de drago (crotón
Urucurana) conocido con el nombre de “Iviracaa-berá” o “Urucurá”, sangre de drago.
Este árbol decorativo lo encontramos junto a los cauces de agua de las provincias del noroeste de Entre Ríos, norte de Santa Fe, Misiones, Formosa y Chaco.
Es un árbol que posee una hermosa copa y que se destaca en la región por llevar al mismo tiempo hojas de distintos colores, desde el verde-grisáceo al anaranjado; es un árbol que rara vez pasa de los 6 metros de altura.
Su corteza es delgada, lisa, de color grisáceo-verdoso. Al hervirla emana un látex rojizo que en la medicina popular es muy utilizado para la curación de enfermedades venéreas.
Sus hojas caen en forma gradual, normalmente de juntasn las viejas con nuevos retoños.
Las florescencias del sangre de drago están constituídas por largos racimos que llevan flores unisexuales. Las hojas son persistentes, alternas y pecioladas.
Los frutos son cápsulas de color blanquecino, con tendencia al matiz anaranjado.
Este árbol no tiene utilidad industrial pero es sumamente decorativo.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
rene@eco-news.com.ar
La selva misionera es densa e impenetrable, cubre Misiones y continúa hacia el norte de Corrientes. Está poblada por especies de árboles de gran altura y crecen entre ellos una enorme cantidad de enredaderas parásitas, tacuaras, helechos y orquídeas. Generalmente se penetra en ella abriendo brechas a fuerza de hacha y machete.
La selva tucumano-jujeña cubre las laderas, quebradas y valles angostos de las sierras subandinas, formando un estrecho corredor de norte a sur. Se extiende por las provincias de Salta, Jujuy y Tucumán.
La selva formoseña comprende Formosa y noroeste de Salta, y en ella se mezclan las características de selvas vecinas: al este la misionera, al oeste la tucumano-jujeña y al sur la chaqueña. En los árboles altos se mexclan tupidas enredaderas.
La selva austral andina comprende los valles y quebradas de los Andes del sur, desde Neuquén hasta Tierra del Fuego.
Es selva espesa, cubierta de árboles majestuosos, donde abundan las plantas trepadoras parásitas y los matorrales de cañas.
Varios factores hacen al desarrollo de la selva: la lluvia excesiva en Misiones, abundante en Formosa y sierras subandinas; el suelo cubierto de humus, que le da fertilidad; y el clima cálido de la región, que contribuye al aumento del follaje.
El bosque chaqueño tiene características propias que lo distingue en el paisaje vegetal argentino: sus árboles son menos desarrollados y más ralos (claros por donde circula el aire y la luz) que los de la selva.
Se extiende desde las últimas estribaciones de las sierras subandinas, al este hasta los ríos Paraná y Paraguay, al norte hasta el Bermejo y al sur hasta los ríos Salado y Dulce. Un típico y valioso exponente es el quebracho colorado.
La formación del bosque serrano central cubre las laderas orientales y las quebradas de las sierras Guaseyán, Santiago del Estero, sierras de Córdoba y San Luis.
Los montes de la pampa seca están determinados por las escasas lluvias; encierran arbustos y matorrales bajos, predominando los árboles leñosos con espinas y follaje ralo, mezclado con cetáceas y cardones.
Los mesopotámicos se extienden desde el sur de la provincia de Misiones hasta el delta del Paraná.
El ribereño-bonaerense cubre las costas del Plata y Paraná.
En la zona litoraleña encontramos al sangre de drago (crotón
Urucurana) conocido con el nombre de “Iviracaa-berá” o “Urucurá”, sangre de drago.
Este árbol decorativo lo encontramos junto a los cauces de agua de las provincias del noroeste de Entre Ríos, norte de Santa Fe, Misiones, Formosa y Chaco.
Es un árbol que posee una hermosa copa y que se destaca en la región por llevar al mismo tiempo hojas de distintos colores, desde el verde-grisáceo al anaranjado; es un árbol que rara vez pasa de los 6 metros de altura.
Su corteza es delgada, lisa, de color grisáceo-verdoso. Al hervirla emana un látex rojizo que en la medicina popular es muy utilizado para la curación de enfermedades venéreas.
Sus hojas caen en forma gradual, normalmente de juntasn las viejas con nuevos retoños.
Las florescencias del sangre de drago están constituídas por largos racimos que llevan flores unisexuales. Las hojas son persistentes, alternas y pecioladas.
Los frutos son cápsulas de color blanquecino, con tendencia al matiz anaranjado.
Este árbol no tiene utilidad industrial pero es sumamente decorativo.
René Darán
Fuente: Diario La Capital. Sección Flora y Fauna de Nuestro País /1984/87
Director EcoNews
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